Autor: Violeta González Alegre
Últimamente paso más tiempo limpiando la pluma que escribiendo.
Una es lo que todos los días hace y no lo que todos los días quiere hacer.
Observo mis manías, como quien observa un ficus y me deleito bailando en la línea que marca el límite. «Borders are bridges»
Cambia mi letra del principio al verso y se afila mientras madura, roja y llena del color que le da el sol. Se vuelve más larga y fina, más elegante. Lleva un paso gatuno que se estira a medida que atuso la espalda de cada vocal y recupera su habitual forma inventada de embelesamiento al mirarse en cualquier escaparate.
Todos los días, antes de salir de la trinchera, se engalana de acentos y trazos largos de final de frase. Atusándose, sabiendo que no necesita lectura más que la mía propia.
Silenciosa y aterida, abre las alas entre los párpados y juguetea en las persianas que dan forma a mi espejismo y vuela. Vuela. A sabiendas de que últimamente paso más tiempo limpiando la pluma que escribiendo.
Pequeño homenaje que te hacemos, Jose Manuel:
«Hombre libre, siempre amarás el mar.»
A José Manuel de la Huerga.
Al final del camino, siempre sabré donde encontrarte.
Miraré el mar sabiendo que ahora eres tú quien esculpe las olas. Y estarás allí, quieto, donde desovan las montañas y bajan a beber los valles.
Me quedo tranquila sabiendo que es el pesebre del desierto el que ahora te recoge con cada una de las gotas de lluvia que, desde hoy, caigan sobre las dunas.
Siempre voy a tener cerca una caracola para que, cuando te hagas sitio entre los corales y el ámbar gris, puedas hablarnos con el ronquido del mar.
Amigo mío. Te voy a echar tantísimo de menos.
formo carne en torno
a estas costillas
los tejados simulan
mientras tanto
sonidos de ballenas
sin conseguirlo

por un parpadeo/ un suspiro/ el tiempo que tarde en desprenderse de ti mi sombra
pero quédate/ a salvo
con-mi-go
Siempre voy yo después de mí misma. Acontecen los tejados como sucesos de una lista interminable. Placentera.
Después de
mi piel desaparece poco a poco
el músculo se vaporiza
y quedo solo Yo
volviéndome
gota de agua
al viento
suave
me recorro
al tacto todo es
inesperadamente
cálido
empaño la ciudad
–
–
y después me despierto
–
en bruma cálida
absoluta
absolutamente dentro
sin contacto con extremidad alguna
siendo río
–
estoy sola, ¿no?
esdrujulo el oído
y agudiza el silencio
–
me están latiendo las entrañas
aún me hormiguean los nervios
Ya no sé si es aire
o es humo
lo que respiro.
Se quema en mis labios el cartón.
He fractalizado mi propio espejismo.
las tres farolas de mi calle
son tres puntos suspensivos
a veces se apaga una
y se vuelven puntos separados
o se cae otro punto
y se convierten en punto y aparte
o bien
en punto y seguido
pero vuelven siempre a ser
tres puntos suspensivos
(suspendidos)
así la noche me resume
la ciudad
y el camino
