Espejismos

Ojalá pudiera borrar de mí tu nombre

Ojalá pudiera borrar de mí tu nombre.

Ojalá quisiera yo.

Pero veo tu rostro en la tela que estoy cortando. Y en el aire, como un remolino.

Sin que estés.

Con tu infinita presencia y tu voz inacabable.

Ojalá volviera yo la mirada hacia el vacío del cuarto y no me recordase a tu vacío.

Espejo de mí, que nunca me has visto, tan pendiente del reflejo tuyo.

Como buscando únicamente tu imagen en mi alma soleada.

Dentro de mi, tu mirada triste y tu cuerda floja sólo parecen cicatrices, pues no soy espejo.

Soy cristal refractario. Pero tú nunca me has visto y el vacío que dejas nunca se refracta en mí y sigues rodeándome como una brisa inmóvil e inaccesible. Tan inaccesible que se vuelve tocable.

Tan tocable.

Ojalá pudiera borrar de mí tu nombre.

Porque ni yo soy espejo, ni tú, cicatriz.

Espejismos

Últimamente paso más tiempo limpiando la pluma que escribiendo.

Una es lo que todos los días hace y no lo que todos los días quiere hacer.

Observo mis manías, como quien observa un ficus y me deleito bailando en la línea que marca el límite. “Borders are bridges”

Cambia mi letra del principio al verso y se afila mientras madura, roja y llena del color que le da el sol. Se vuelve más larga y fina, más elegante. Lleva un paso gatuno que se estira a medida que atuso la espalda de cada vocal y recupera su habitual forma inventada de embelesamiento al mirarse en cualquier escaparate.

Todos los días, antes de salir de la trinchera, se engalana de acentos y trazos largos de final de frase. Atusándose, sabiendo que no necesita lectura más que la mía propia.

Silenciosa y aterida, abre las alas entre los párpados y juguetea en las persianas que dan forma a mi espejismo y vuela. Vuela. A sabiendas de que últimamente paso más tiempo limpiando la pluma que escribiendo.