La Ciudad de los Insectos · Relato

La Ciudad de los Insectos

Un señor sujeta con fuerza una maleta azul. Ojea una cuartilla religiosa titulada Camino de la Ascensión mientras cambia la mirada, por momentos, a la pantalla de salidas que marca el andén de los próximos trenes.

Anuncian la apertura del acceso, rompe la cuartilla en dieciséis pedazos y los junta, ordenados, en su mano derecha. Se ubica en la fila. Pantalones azules de sastre con la raya perfectamente planchada y una chaqueta marrón, con desgana. A juego, los zapatos, con cierto componente ergonómico. Probablemente elegidos por otra persona.

Rota la cabeza descubierta al cielo. Se ve que el Jeep de la genética ha abierto un camino limpio hasta la mata rala y polar de pelo cano que lo recibe, como un abrazo. El labio inferior sobresale ligeramente sobre el superior. La mirada, ácida y opaca, tras unas gafas latonadas, denota sin pudor la falta de brillo. Parece la mezcla entre un limón y un corredor de seguros jubilado. Deposita su maleta en la cinta mecánica y se olvida de los papeles que guardaba en la mano.

Quince de los dieciséis pedazos de la cuartilla me atacan tan súbitamente que parece que no ha considerado la posibilidad de que alguien existiese detrás. Esquivándolos, pienso en el tren que me lleva hasta la ciudad para insectos, que algo más tendrá que ofrecerme que una religión sufí en dos dimensiones disgregada por la mano humana.

Antes de coger el gusano veloz que me lleva donde tengo que ir, escucho por megafonía lo imperialista que caracteriza lo ferroviario últimamente:

– AVE. RENFE. 15:30 h. Vía 2

Casi contesto en alto: Morituri te salutant.

Relato · Sáhara

Ilustres coleópteros

Aún no llegan a 90 los días sin arena y sigo persiguiendo escarabajos.

Plantas, en el Sáhara, pocas. Por eso me imagino que los bichillos, encargados de dar vida a lo inerte, han querido pintar ramas en la arena con sus pequeños saltos formando las estelas que se pueden ver en la foto. He aquí la explicación:

Ilustres coleópteros decretaron hace millones de años ante tribunal constituyente, que es mentira que todos los caminos lleven a Roma. El motivo que llevó a esta desmitificación social obligada fue, principalmente, que ninguno de ellos sabía qué era Roma exactamente por lo que el consejo de sabios (en esto de la democracia los escarabajos nos llevan siglos de ventaja) decidió que los caminos no tienen por qué llevar a ninguna parte y que pueden ser solo eso, caminos.

La noticia no fue muy bien aceptada por el sector conservador y algunos encapuchados intentaron dar un golpe de estado. Fue, gracias a las fuerzas revolucionarias, un intento fallido.

Poco a poco la decisión se fue aceptando y todos los escarabajos comprendieron que lo importante no es el lugar al que quieras llegar, sino cómo haces el camino.

Algunos escarabajos, los que vuelan, hacen de su casa la espiral infinita del aire; otros, los que caminan, van haciendo con su cuerpo una preciosa línea que va de la vida a la muerte y que solo borra el tiempo o las nubes. Los del Sáhara, en cambio, navegan sobre la arena dibujando enredaderas de estelas saltarinas como ramas y raíces de un árbol etéreo que entra y sale de las dunas.

La arena al final es como el agua y los escarabajos, buzos milenarios en busca de algún pez perdido que les acompañe en su camino eterno.

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